“Bálano” de Eduardo Rojas Rebolledo o una picazón en el testículo izquierdo

Eduardo Rojas Rebolledo, Bálano, México, Fondo de Cultura Económica, 2012

Leer las obras narrativas de Eduardo Rojas Rebolledo implica un riesgo para el lector, por lo que es necesario que esté atento a cada línea y atento a ese suspenso de quien siente que en cualquier momento aparecerá una palabra o una frase que lo sorprenderá hasta la risa, el escándalo o la melancolía. Pero, básicamente, el gran riesgo del lector es quedar cautivo, ser presa de la sonrisa del demiurgo que planea que detrás de cada acción, hay un resultado y que uno de los grandes motores para cualquier lector es jugar con su propia capacidad de asombro. En este sentido, Bálano, su novela más reciente, pertenece a la estirpe de sus libros anteriores.

El lector debe de ser cuidadoso pues Eduardo Rojas Rebolledo es un escritor en quien convergen una formación académica ligada a la historia, una pasión por desarrollar una anécdota con las palabras precisas, un intenso desarrollo del drama humano y una continua necesidad de mantener entretenido a sus lectores. Estamos ante un escritor que no pide paciencia a sus lectores, es decir, no es necesario que uno se lea ochenta páginas para averiguar si la novela puede resultar interesante. Esta obra está construida con la habilidad del cuentista que busca que el lector quede enganchado desde el primer párrafo para no soltarlo, para que no ande tranquilo por la vida sabiendo que tiene muchas anécdotas por delante, antes de que llegue el punto final. Esta novela atrae, jala, mantiene al lector atento porque quiere enterarse de la extraordinaria vida de un hombre que lleva, en el tamaño de su pene, su tragedia. La historia se mueve, avanza, da giros, hay pasiones que de tan humanas nos pertenecen a todos y Rojas Rebolledo las explota.

La novela también atrae por el ritmo de sus palabras. Esta segunda novela de Eduardo Rojas Rebolledo lo coloca como uno de los novelistas mexicanos contemporáneos más interesantes. Lo es no por el hecho de que haya decidido escribir novela histórica, mucho menos porque sus historias se alejen del panorama actual del narcotráfico y los problemas sociales. Se trata de la capacidad de tejer sus historias con un lenguaje armónico y ordenado de tal manera que cada palabra, además de una función estética, es un detonante en la construcción de la historia. Si explicara a grandes rasgos la anécdota de la novela, no se salvaría de una simplificación que terminaría por banalizarla. El lector se queda no sólo por la exótica vida del protagonista, también por el lenguaje preciso con el cual el escritor va desarrollando la obra.

Otro de los recursos con el cual Eduardo Rojas logra seducir al lector, es su preocupación por el mundo ficcional que desarrolla. Aunque es cierto que su formación como historiador es una herramienta útil al momento de recrear escenarios y personajes históricos, desconozco si el cuidado de la verosimilitud responde a sus lecturas literarias o a las académicas. En su novela anterior, La ruta del Aqueronte, publicada también por el Fondo de Cultura Económica, el manuscrito de la historia es creado por un viejo juglar que lucha para no morir antes de terminar su historia. En Bálano, la vida del protagonista es escrita por su amigo más entrañable. Ambas novelas narran hechos extraordinarios y exóticos que Rojas Rebolledo disfraza como hechos tan históricos que fueron escritos por testigos directos. Como cualquier escritor, Rebolledo nos recuerda que uno no debe confiar demasiado en los fabuladores. Bálano es la historia de un hombre del siglo XIX y si el lector tiene dudas de la veracidad de los hechos que se narran, al final de la novela, casi a manera de apéndice, podrá encontrar dos ilustraciones que cimbran al protagonista en tiempo histórico.

No he querido realizar ninguna referencia a la anécdota de la novela, por temor de interferir en la seducción que el novelista tiende hacia el lector, sin embargo, me gustaría asegurar que leer esta obra es una aventura que pone a prueba la capacidad de asombro del lector, no sólo por el título sino por cada una de las aventuras del protagonista. Únicamente, y a manera de invitación quiero compartir que la novela arranca cuando Gunter von Gropius, el narrador, se acuerda de su amigo Hugo von Nagel, el protagonista, gracias a una fuerte picazón en su testículo izquierdo.

 “Y es que mi testículo izquierdo y Hugo guardan una relación muy peculiar. Mi testículo izquierdo no es normal, diría incluso que es apenas un testículo, pues es pequeño y blanduzco como uva en diciembre. Pero no fue así toda su vida: hasta los quince años se desarrolló a la par que el derecho: alegremente colgó y creció en su pubertad y bien supo llenar el escroto cuando éste presumía sus primeros vellos. Todo iba por buen camino hasta que enfermé de paperas, parotiditis en palabras del doctor Maulbertsch, el médico de la familia. Es en este punto donde los destinos de Hugo y de mi testículo izquierdo coincidieron por primera vez”.

Se trata del inicio de la novela, de la primera estocada al lector que tiene como función interesarlo para que no se detenga hasta el punto y final. El lector debe de tomar sus precauciones con un novelista que cuenta con tantas mañas.

Keith Ross

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