“The unforgettable Sea of Cortez” y Ray Cannon

Un actor y director de cine de cincuenta y tres años que deja Hollywood para dedicarse a escribir crónicas sobre pesca en la península de Baja California, suena a una de las tantas anécdotas de extranjeros que dejan la vida de las ciudades para trasladarse a esta semi isla del noroeste de México, antes del último cuarto del siglo XX, época en la que el aislamiento no sólo era geográfico, sino también cultural.ufsccovbig

Tras filmar Samurai en 1945, la última película que dirigió y escribió en Hollywood, Ray Cannon pasó treinta años redactando crónicas sobre la península de Baja California. Del salario de Hollywood de mediados de siglo XX a escritor freelance para el periódico Western Outdoor News. Su primer viaje a la península lo realizó en 1947, cansado de sufrir con las úlceras en el estómago que le provocan las preocupaciones en la industria cinematográfica. En 1953 publicó su primer libro de crónicas How to fish the pacific coast, y en 1966 su obra más relevante en el género The Sea of Cortez.

Los textos de Cannon están redactados en un inglés sencillo, donde más que hablar sobre instrucciones para conseguir pescas exitosas, escribe con la seguridad de quien conoce a sus lectores que lo esperan tras el periódico de la costa oeste en el que publica: les describe un territorio en donde sólo se accede por caminos complicados, en avionetas, o por largos viajes en pequeñas embarcaciones.

Describe un territorio con una gran riqueza natural, pues sobre todo lo que le interesa describir es la variedad de peces que se pueden conseguir de manera muy sencilla con apenas unas horas de pesca y sin realizar grandes viajes. Estos paseos rodeados del desierto bajacaliforniano pernoctan en pequeños hoteles de diversos lugares en donde Ray llega.

Sus crónicas están acompañadas por diversas fotografías, que a la distancia temporal, resultan muy valiosas, porque permiten acceder a esos treinta años de viajes que el autor realizó a través de pueblos pesqueros que veían en los pescados una actividad de sustento familiar, más que una actividad turísica.

En 1999, Kira Gene publicó The unforgettable Sea of Cortez, un libro donde recopila documentos biográficos de Ray Cannon, así como una selección de sus crónicas que giran alrededor de la Península. Se trata de un libro de formato grande, tamaño carta, escrito en inglés y con diversas fotografías sobre los treinta años en los que Cannon visitó este territorio. Resulta interesante que Gene, además de ser el editor y antologador de este libro cuya protagonista es la forma de vida en la península, también es autor de un par de títulos sobre esta región, incluyendo una novela ubicada en esta zona del Mar de Cortés, que se titula King of the Moon.

Ray Cannon no tiene el rigor del historiador, tampoco la capacidad narrativa del novelista. Sus crónicas se limitan retratar ese paraíso que ha quedado al margen del desarrollo capitalista y que, según presume a sus paísanos, es ideal para pescar y pasar la jubilación. En 1960, escribe una crónica donde recuerda su primera impresión sobre La Paz, cuando llegó en 1954 [la traducción es mía]:

La primera vez que me paseé por la Paz, navegué hacia la isla Espíritu Santo y pude ver al marlin y al pez espada regocijándose en el mar, tomé una nota mental: si decido jubilarme, La Paz será el puerto definitivo. Desde ese momento, no ha cambiado nada mi decisión. Había muchas razones, como el clima casi perfecto y la manera hospitalaria y amigable de la gente, especialmente de las señoritas. Pero lo que más me atrajo fue la pesca. Desde este puerto podía tomar un pequeño crucero o taxicab y pescar como en ningún otro lugar del que había escuchado.[1]

Es notorio que existe la perspectiva personal del autor, tal vez basada en el momento preciso en el que realizó la visita a la ciudad, o simplemente, responda a la intención de provocar que sus lectores decidieran aventurarse a viajar al sur. De las múltiples razones para quedarse a vivir en esta ciudad, el autor destaca básicamente tres: el magnífico clima, la gente amigable (en especial e intencionadamente, las señoritas) y, la más importante para él, la pesca. Otro en su lugar, que tal vez hubiera visitado a este puerto en agosto, recomendaría a sus lectores no asomarse, ni por equivocación, a esta zona en la época del verano. Sin embargo, la intención del texto es muy clara: pretende desarrollar una idea de ciudad exactamente como la busca el pescador norteamericano de posguerra que decide aventurarse a ese México exótico que no ha sido tocado completamente por el progreso material.

El texto continúa hablando de los atractivos con los que cuenta el lugar:

La Paz ofrece muchas otras diversiones. Para las mujeres, la compra de artesanías y la fotografía de antiguas e interesantes estructuras, patios con jardines llenos de hermosas niñas y esculturas. Todos pueden participar en las festividades, como en la de los paseos cálidos durante la tarde, en donde alrededor de cien señoritas jóvenes caminan en la plaza en sentido contrario al de las agujas del reloj, mientras el mismo número de hombres jóvenes camina en el sentido de las agujas del reloj, todos al ritmo de música nativa de una pequeña orquesta. No hay chiflidos o conversaciones entre los participantes, sino un intercambio de miradas que quieren enviar un mensaje que se descifra después, en un baile en el auditorio que está cerca. Las viejas costumbres no han cambiado mucho en los últimos siglos, pero los pescadores estadounidenses están empezando algunos cambios.[2]

Es complicado imaginar esos paseos cálidos en el puerto, mientras alrededor de doscientos hombres y mujeres caminan en la plaza, como parte de sus costumbres. Es difícil imaginarlos ahora, en este presente, aún más en 1960. Lo que sorprende es el entusiasmo con el que asegura que las viejas costumbres no han variado en los últimos siglos. Ray Cannon está describiendo a una ciudad añeja que sustenta cada una de sus tradiciones en la memoria de la repitición que ha superado siglos.

Sin mucho orden en la descripción, continúa con las actividades que pueden realizar los varones:

Para los hombres están las peleas ilícitas de gallos, antros, pero según los reportes, Mrs. Murphy’s Riding Academy se ha cerrado. Sin embargo, hay otro lugar “sospechoso” que acaba de abrir atrás de la bahía. Y cuando digo sospechoso me refiero a que está rodeado por un palmar”[3].

Resulta también curioso la manera en que excluye las actividades como la pesca, para centrarse en las peleas de gallos y esos antros, incluso sospechos en los palmares atrás de la bahía. Mientras la mujer sale a la plaza pública, los hombres se resguardan en esas actividades peculiares.

En otras de sus crónicas sobre La Paz se detiene a describir a la población femenina:

En La Paz las mujeres son las más amigables que he conocido.Tienen la costumbre de ser corteses con los extraños al igual que con los amigos. Esto se pudo haber desarrollado hace medio siglo cuando los hombres se fueron de la ciudad buscando empleo y una mejor educación, dejando a la población con más mujeres, con una proporción de seis mujeres por un hombre[4].

Ray Cannon está describiendo una ciudad no solo con una gran riqueza para la práctica de la pesca, sino también un lugar donde hay un proporción muy conveniente para sus lectores y muy dispareja entre la población femenina y la varonil. La sorpresa de Cannon continúa:

En mi primera visita a La Paz estaba gratamente sorprendido de que las mujeres fueran tan amistosas. En otras ciudades de Mexico estaba acostumbrado a ver que las mujeres voltearan la vista al piso cuando hablaban con extraños. Pero cuando le pregunté aquí a una bella mujer de ojos cafés en dónde estaba la oficina del correo. No solo me dijo, sino que me llevó.

Pero más allá de estos detalles, en la mayoría de las crónicas, el autor manifiesta su alegría por haber encontrado un territorio perfecto para practicar la pesca, no solo por la variedad de peces, sino también por el estilo de vida de las poblaciones. Cada una de las columnas de Cannon intenta atraer a sus lectores a que se alejen del ritmo de las ciudades y del turismo convencional para enfrentar la tranquilidad de la península. Incluso, contrasta la naturalidad con la que se vive en La Paz contra otros destinos turísticos que ya tenían una gran relevancia en la época:

La multitud de turistas que prefieren la vida nocturna y apostar como en Las Vegas, o el paisaje y las peleas de toros de la Ciudad de Mexico no durarían mucho tiempo en La Paz. Esta ciudad atrae a pescadores y cazadores y a aquellos que aprecian la belleza de su gente, sus antiguas estructuras, su pacífica manera de vivir, su extraño pero fascinante ambiente enlazado con un aura de encanto. Es algo así como Hawai o Tahití antes de que esos lugares se convirtieran en centros de atracción artificial. La paz es real y muy romántica.

Tal vez no sea La Paz real, es decir, que esta perspectiva no coincida con la del resto de los habitantes o de los turistas de 1960, pero se trata de una idea de ciudad desarrollada por este director de cine jubilado que se pasea por toda la península con su cámara fotográfica, creando diferentes enfoques sobre ese presente que ahora es parte de un mundo que dejó de existir. Lo mismo retrata a una playa, que a una gran variedad de personas que se va encontrando en el camino. Toma fotografías como quien sabe que la vida tal como se vive en el presente es un desprendimiento constante hacia el olvido.

Cuando a Ray Cannon le llega la noticia de que a principios de la década de los sesenta, el gobierno mexicano está pensando en construir la Carretera Transpeninsular, la noticia no le agrada. Aunque seguramente implicaría un acceso más fácil a cualquier región de este territorio, le preocupaba la idea de que ese mundo idílico con hoteles pequeños, muchos peces, mujeres amables y con una proporción de 6 a 1 con respecto a los hombres, llegará a su fin. En otra de las crónicas, el autor describe el proyecto que está por arrancar:

Esta nueva carretera se extenderá por la línea costera del lado del Golfo. Al sur de la Bahía de San Quintín la carretera seguirá una cuesta gradual, atravesando la península desde el Pacifico hasta el Golfo, en Santa Rosalía. Después bajará hasta Mulegé, seguirá alrededor de Bahía Concepción a Loreto. Este primer tramo le sigue a una carretera peligrosa que ahora existe. Pero desde Loreto hasta algunas millas de La Paz, la carretera se esculpirá en territorio virgen.

Queda la sensación de que los viajes que realiza a la península y específicamente a La Paz, es para defender ese pedazo de Edad Dorada que quedó atrapada en el Golfo de California y el Oceáno Pacífico. La construcción de la carretera es el primer paso para iniciar con la destrucción de esa vida que el autor y aquellos que se dedican a la pesca y a disfrutar los paisajes naturales ya empiezan a añorar:

Aquellos de nosotros que lamentamos la idea de construir esta carretera  y de abrir este, nuestro desierto celestial para todos, tenemos todavía cuatro o cinco años para ser libres del disparatado tráfico y disfrutar de nuestro primitivo mundo de pesca. Tendremos que luchar contra el tiempo y llenar nuestras vidas de la felicidad que se encuentra en la pesca, que pronto solo se dará en algunos rincones remotos e intactos[5].

Ray Cannon le inventa un pasado a La Paz, uno donde la evolución no ha mermado en siglos a las costumbres de sus habitantes; recrea un presente donde hay seis veces más mujeres que hombres, todas ellas más amables y amigables que las del resto del país; puede visualizar un futuro afectado por el desarrollo económico, que finalmente acabe con esa vida a donde asistió por treinta años.

La ciudad de La Paz es ese idilio entre la tranquilidad, el exotismo de su forma de vivir y su naturaleza. Para Ray Cannon La Paz es una ciudad que el desarrollo acedia. Sabe que le toca vivir una Edad Dorada y se esmera en retratar a esa idea de Península que tiene. En el fondo, sabe que solo hay muy pocas oportunidades de encontrar poblaciones que han mantenido sus tradiciones durante siglos. Aunque sea una idea lejana a la realidad histórica, sobre todo en una ciudad con la juventud de La Paz. Pero los datos veraces parecen importarle muy poco al contruir esa Edad Dorada donde hay seis mujeres por cada hombre y más peces que en cualquier otro lugar del mundo.

[1]    Ray Cannon “La Paz. Angler´s Shangri-La” en The Unforgettable Sea of Cortez, p. 74.

[2]    Idem.

[3]    Ibidem, p. 74

[4]    “Romantic La Paz”, Ibidem, p. 75.

[5]    Ibidem, pp. 319, 320.

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