“La mujer ladrillo” de Eduardo Rojas Rebolledo

Se llama Milagro, y en su nombre, el lector descubre el gozo que implica una existencia simple: no tiene piernas ni brazos y ve la vida desde la altura de una carretilla. En un mundo donde la prisa en la que vivimos lleva el signo del dinero, Rojas Rebolledo decide escribir sobre ese milagro de reconocer que la felicidad puede estar en un charco de agua, en los colores de unos pájaros que deciden jugar en ese patio inmenso que es el aire, o en las formas que tiene la primavera de hacerse flor. La vida de la mujer ladrillo es el triunfo de la existencia, reconocer que la belleza de la vida radica en precisamente en lo que está vivo: lo que respira, lo que se mueve y crece. Rojas Rebolledo escribió un poema que resalta, con cada una de sus palabras, la belleza del charco en la calle de tierra, frente a la pulcritud de la avenida pavimentada.

A pesar de su estructura narrativa, La mujer ladrillo es más un poema que una novela. Rojas Rebolledo arma la anécdota con el cuidado de quien sabe que cada palabra la palabra que sobra, resta. Escrita en fragmentos breves, la historia se construye a partir de estampas que mezclan las características que el autor ha desarrollado en sus novelas anteriores: un manejo cuidadoso del lenguaje que desata el morbo en el lector, y personajes que llevan, en su deformidad física, la tragedia.

En esta novela publicada por el Fondo de Cultura Económica en este año, existe una pregunta que cada lector responderá a su manera: ¿qué necesidad tenemos de leer la historia de una mujer que nació sin piernas ni brazos, y con un retraso mental que la limita a una existencia instintiva?

Con tantos problemas sociales en el México, y con tantos críticos ávidos de obras que ayuden a justificar investigaciones que aporten conocimientos para comprender la situación actual de la vida de millones de personas, Eduardo Rojas Rebolledo publica una novela ambientada en un pueblo, donde no pasa nada extraordinario, excepto la existencia de esa mujer, que acepta las cosquillas en sus labios que provocan las patas de las moscas.

La riqueza de leer ficción estriba en su posibilidad de reconocer nuestra humanidad en los personajes que vamos encontrando en cada historia. Nuestra capacidad de empatía aumenta después de ser cada una de las entidades morales que plantean los escritores a través de sus historias. ¿Cómo es la vida de una persona que nace sin extremidades, con un retraso mental, en un pueblo tan nuevo como simple?

 

 

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